20/08/2018
Imagínese el momento más aterrador de su vida. Un asaltante armado irrumpe, los disparos resuenan, y usted se encuentra, de repente, rehén. Esta fue la pesadilla que vivió Kristin Ehnmark en el verano de 1973, durante el asalto al Kreditbanken en Estocolmo. Lo que sucedió después, sin embargo, trascendería el mero crimen para dar nombre a uno de los fenómenos psicológicos más debatidos y malinterpretados de la historia moderna: el Síndrome de Estocolmo. Pero, ¿es realmente un desorden psicológico o una compleja estrategia de supervivencia?
Kristin, una estenógrafa de 22 años, se encontraba en medio de su jornada laboral cuando Jan-Erik Olsson, un experimentado delincuente, irrumpió en el banco. El robo, sin embargo, se frustró rápidamente con la llegada de la policía. Olsson, quien acababa de escapar de la cárcel, tenía un nuevo plan: usar a los rehenes para asegurar su huida. Su exigencia era clara: dinero, un coche, y la presencia de su amigo y notorio criminal, Clark Olofsson, en el banco. La policía, asombrosamente, accedió a llevar a Olofsson, un hombre descrito como “extremadamente peligroso”, conocido por robos, vínculos con el asesinato de un policía y múltiples fugas carcelarias. Este giro inicial ya sembraba las semillas de una situación cargada de tensión y decisiones cuestionables por parte de las autoridades.
Los delincuentes, junto con los cuatro rehenes (Kristin Ehnmark, Sven Safstrom, Gunnel Birgitta Lundbald y Elisabeth Oldgren), terminaron atrapados en la bóveda del banco. En la oscuridad opresiva, solo el sonido de Olsson mascando pastillas de cafeína rompía el silencio. A medida que las horas se convertían en días, la tensión crecía. En un momento de desesperación, Olsson decidió demostrar que hablaba en serio, apuntando a Sven Safstrom. Le dijo: “te voy a disparar en la pierna, pero voy a evitar los huesos, para no hacerte tanto daño”. Fue entonces cuando Kristin Ehnmark pronunció las palabras que la perseguirían durante décadas: “Sven, es sólo en la pierna”. Esta frase, aparentemente irracional en el contexto, se convertiría en la piedra angular de un debate que aún hoy resuena en la psicología y la criminología. ¿Por qué una víctima se pondría del lado de su captor?
- Una Llamada Inesperada: Rehenes y Primer Ministro
- Nace el Síndrome: La Explicación de Bejerot
- La Expansión y Controvertida Aplicación del Síndrome
- Otra Perspectiva: La Lógica Detrás de la Supervivencia
- El Síndrome de Estocolmo Hoy: ¿Un Diagnóstico Válido?
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Preguntas Frecuentes sobre el Síndrome de Estocolmo
- ¿Qué es exactamente el Síndrome de Estocolmo?
- ¿Por qué se llama 'Síndrome de Estocolmo'?
- ¿Es el Síndrome de Estocolmo un trastorno psicológico reconocido oficialmente?
- ¿Se aplica el Síndrome de Estocolmo a casos de abuso doméstico o relaciones abusivas?
- ¿Cómo reaccionan las víctimas de secuestro realmente, si no es por el Síndrome de Estocolmo?
Una Llamada Inesperada: Rehenes y Primer Ministro
La situación en el Kreditbanken escalaba. En un acto de desesperación, Kristin Ehnmark tuvo una idea peculiar: llamar al primer ministro de Suecia, Olof Palme. Para el mundo, lo que Kristin le dijo a Palme sería aún más impactante que la llamada en sí. En una conversación grabada que más tarde asombraría a todos, Kristin habló con una calidez sorprendente sobre sus captores, expresando que confiaba más en ellos que en la propia policía. “Creo que está jugando con nuestras vidas. Confío plenamente en Jan y el ladrón. No nos han hecho nada. Han sido muy amables. Lo que temo es que la policía ataque y nos mate”, se le oye decir.
La incredulidad de Palme era palpable. Intentó convencer a Kristin de que los delincuentes se entregaran, pero ella insistía en que no lo harían. La conversación se repitió varias veces, hasta que un Palme exasperado pronunció una frase que, aunque borrada de la grabación, resonaría con fuerza en la mente de Kristin: “Pues bien, entonces quizás usted tendrá que morir”. Desesperada, Kristin colgó. Esta interacción no solo reveló la profunda disonancia entre la percepción de la rehén y la de las autoridades, sino que también dejó claro el nivel de desesperación y la particular dinámica que se había gestado dentro de la bóveda.
El asedio se prolongó por seis largos días. Finalmente, la policía irrumpió en el banco. Al grito de “¡Salgan primero los rehenes!”, Jan Olsson les advirtió: “Si salen antes, nos van a matar”. Los rehenes, en un acto que se interpretaría como la prueba definitiva del síndrome, respondieron a la policía: “¡Salgan ustedes primero!”. Cuando los delincuentes finalmente salieron, se detuvieron para despedirse de los rehenes con besos y apretones de manos. Al salir, Kristin intentó evitar que la acostaran en una camilla, visiblemente más enojada con la policía que con los criminales. Este comportamiento, tan desconcertante para los observadores externos, sería la base para una nueva etiqueta psicológica.
Nace el Síndrome: La Explicación de Bejerot
Pocos días después del incidente, el psiquiatra Nils Bejerot, quien actuó como negociador principal de la policía, ofreció al mundo una explicación para la aparente irracionalidad de Kristin. Bautizó a esta nueva condición psiquiátrica como el síndrome de Norrmalmstorg, en honor a la plaza donde se ubicaba el banco. Posteriormente, el nombre se popularizaría como el Síndrome de Estocolmo, adoptando el nombre de la ciudad. Según Bejerot y psiquiatras como Frank Ochberg (quien lo definiría para el FBI y Scotland Yard en la década de 1970), un rehén, al ser secuestrado y enfrentarse a la posibilidad de la muerte, experimenta una regresión a emociones infantiles. En esta regresión, el captor se convierte en la figura que le “da la vida”, similar a la madre, y la víctima se vuelve dependiente de su permiso para las necesidades básicas. Este fenómeno de identificación y gratitud hacia el agresor se presentaba como una respuesta psicológica inconsciente al trauma extremo.
El concepto ganó notoriedad y se hizo famoso globalmente en 1974, con el caso de Patty Hearst, la rica heredera de un imperio periodístico californiano, secuestrada por militantes revolucionarios. Tras meses en cautiverio, Hearst no solo se unió a sus captores, sino que participó activamente en un robo bancario. En su juicio, sus abogados intentaron usar el Síndrome de Estocolmo como defensa, aunque sin éxito. Este caso consolidó la idea del síndrome en el imaginario colectivo, convirtiéndolo en una explicación aparentemente sencilla para comportamientos complejos y desafiantes a la lógica común.
La Expansión y Controvertida Aplicación del Síndrome
El Síndrome de Estocolmo, una vez popularizado, comenzó a reverberar en diversas áreas de las ciencias sociales, no siempre con resultados positivos. Allan Wade, un psicólogo e investigador enfocado en problemas de violencia, ha señalado que Kristin Ehnmark es “una de las mujeres más famosas y menos comprendidas de la psicología”. Según Wade, el Síndrome de Estocolmo se ha convertido en parte de una familia de conceptos utilizados para representar a “personas violadas y oprimidas”, a menudo culpabilizando a la víctima por su propia respuesta al trauma.
Las raíces de esta idea son incluso anteriores al caso de Estocolmo. Allan Wade apunta a las teorías de Anna Freud, la hija de Sigmund Freud y fundadora del psicoanálisis infantil. En su artículo de 1940 sobre la “identificación con el agresor”, Anna Freud postuló que un niño maltratado podía internalizar la violencia y simpatizar con el agresor como un mecanismo de defensa. La idea psicoanalítica subyacente era que, ante un miedo abrumador, la persona regresaba inconscientemente a una etapa infantil, identificándose con quien les daba la vida. Esta línea de pensamiento, que ha sido utilizada incluso para explicar por qué el proletariado no se levanta contra sus opresores, siempre ha implicado que las víctimas actúan de manera irracional y en contra de sus propios intereses.
En la década de 1990, la aplicación del Síndrome de Estocolmo se expandió aún más, intentando explicar no solo el comportamiento de rehenes, sino también el de víctimas de abuso doméstico que no podían o no querían dejar a sus agresores. Esta aplicación, sin embargo, ha sido vehementemente rechazada por expertos y activistas. Jess Hill, autora del premiado libro “Mira lo que me hiciste hacer”, critica duramente esta extensión del concepto. Para Hill, el síndrome se convirtió en una “manera fácil de explicar una situación increíblemente compleja” para aquellos con una comprensión limitada del abuso doméstico. En una relación íntima, que es fundamentalmente diferente a un secuestro por un extraño, la idea del Síndrome de Estocolmo resulta “absurda”. Hill argumenta que en el abuso doméstico entran en juego principios de apego, dependencia económica, el hecho de que el momento de la partida es el más peligroso para la víctima, y una “gimnasia mental” que lleva a las mujeres a concluir que no tienen otra opción más que quedarse. En estos casos, culpar a un “síndrome” desvía la atención de la complejidad del abuso y de la responsabilidad del agresor.
Otra Perspectiva: La Lógica Detrás de la Supervivencia
Si el Síndrome de Estocolmo no siempre es la explicación adecuada, ¿hay otra manera de interpretar la historia de Kristin Ehnmark y la reacción de los rehenes? Gary Noesner, exjefe de la Unidad de Negociadores del FBI, explica que las opciones de la policía en un secuestro a menudo se reducen a “salgan o entraremos a atraparlos”, lo que puede tener consecuencias trágicas. De hecho, un estudio publicado dos años después del incidente en Estocolmo estimó el riesgo de muerte de rehenes en un enfrentamiento con la policía en un alarmante 79%.
Desde la perspectiva de los rehenes, la realidad era abrumadoramente angustiante. Kristin recuerda: “No dormíamos. No sabíamos qué iba a hacer la policía. Todo el tiempo trataban de acercarse. Pensé que quizás terminarían haciendo algo que me afectaría, porque los ladrones se estaban poniendo nerviosos”. La intervención policial no siempre fue útil; el segundo día, Bejerot intentó traer al supuesto hermano de Olsson, lo que provocó que Olsson abriera fuego. Resultó no ser su hermano. Cada vez que la policía intervenía, el riesgo para los rehenes aumentaba exponencialmente. No es raro que los rehenes sientan que la policía es un peligro, temiendo morir en el fuego cruzado, como señala Noesner.
Cuando el asedio se acercaba a su fin, el gobierno estaba bajo una intensa presión. Decidieron taladrar el techo y echar gas lacrimógeno en la bóveda. El plan era sedar a todos para poder entrar y liberar a los rehenes. Sin embargo, Jan Olsson, al percibir el gas, advirtió a los rehenes que si sufrían daño cerebral, los mataría. Les puso sogas en el cuello. “Pensé que había llegado mi fin”, relata Kristin. La vida de los rehenes pendía de un hilo, no solo por la amenaza de sus captores, sino también por las acciones de las autoridades que supuestamente venían a rescatarlos.
Al final, Olsson y Olofsson se rindieron, y los rehenes sobrevivieron. Pero la forma en que Kristin se comportó durante el episodio la llevó a ser etiquetada con un desorden psiquiátrico por el mismo Bejerot, el responsable de muchas de las decisiones que generaron pánico entre los rehenes. Cuando Kristin fue sacada y se le preguntó si criticaba las acciones de la policía, respondió: “sí, fue peligroso”. La persona que la entrevistó, quien se sintió criticada, rápidamente desestimó su declaración diciendo: “no pueden tomarla en serio, tiene Síndrome de Estocolmo”. Para Allan Wade, esta fue una “manera de desestimar lo que hizo para resistir, preservar su dignidad y proteger a los otros rehenes”. Lo más increíble es que ninguno de los “expertos mundiales” en el síndrome que ganaron fama y dinero hablando del tema, jamás se molestó en conversar con Kristin Ehnmark para escuchar su versión de los hechos. “Siempre sentí que había hecho algo malo”, confiesa Kristin a la BBC. Wade lamenta que a Kristin se le asignara una patología sin respetar la ética de hablar con ella, negándole la voz para articular su propia experiencia. En lugar de ver la situación desde la supervivencia de las víctimas, se asumió que su comportamiento era un error, colocando el poder de la explicación en manos de quienes las juzgaban.
El Síndrome de Estocolmo Hoy: ¿Un Diagnóstico Válido?
La controversia persiste. Incluso expertos inicialmente a favor del síndrome, como Frank Ochberg, han aceptado que los casos genuinos de Síndrome de Estocolmo son raros. De hecho, no existen criterios de diagnóstico ampliamente aceptados para identificarlo, y el síndrome no se encuentra en ninguno de los dos manuales psiquiátricos principales: el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) o la Clasificación Internacional y Estadística de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud (CIE). Esto significa que, desde un punto de vista clínico y oficial, el Síndrome de Estocolmo no es reconocido como un trastorno mental diagnosticable. Para Kristin Ehnmark, la mujer en el centro de esta historia, la etiqueta es simple: “es mierda”. Ella lo resume con una frase poderosa que desmantela toda la teoría: “Yo hice lo que pude para sobrevivir”. Su testimonio pone de manifiesto que lo que se interpretó como un trastorno psicológico, fue en realidad una serie de decisiones racionales y desesperadas tomadas bajo una presión extrema, con el único objetivo de preservar la vida.
Comparando Perspectivas: Síndrome de Estocolmo vs. Estrategia de Supervivencia
| Aspecto | Síndrome de Estocolmo (Visión Tradicional) | Estrategia de Supervivencia (Visión Crítica) |
|---|---|---|
| Origen | Respuesta psicológica inconsciente al trauma. Regresión infantil y apego. | Respuesta lógica y racional a la amenaza extrema. Búsqueda activa de mecanismos de afrontamiento. |
| Causa del 'Afecto' | Identificación irracional con el agresor, quien es percibido como el 'salvador' ante la muerte. | Percepción del captor como el 'menos malo' de los males, o incluso como un protector frente a amenazas externas (ej. policía). |
| Comportamiento de la Víctima | Actos de lealtad, defensa o afecto hacia el captor, desconfianza hacia los rescatadores. | Esfuerzos conscientes o inconscientes para reducir el riesgo, negociar, manipular la situación y proteger la propia vida y la de otros. |
| Diagnóstico | Considerado un trastorno psicológico (aunque no reconocido oficialmente en manuales clínicos). | No es un trastorno, sino un mecanismo de defensa o adaptación situacional extrema. |
| Enfoque | Patologiza la respuesta de la víctima, implícitamente culpabilizándola de su 'irracionalidad'. | Valida la experiencia de la víctima, reconociendo su agencia y la complejidad de las decisiones bajo coerción. |
Preguntas Frecuentes sobre el Síndrome de Estocolmo
¿Qué es exactamente el Síndrome de Estocolmo?
El Síndrome de Estocolmo es un término psicológico que describe una respuesta paradójica en la que las víctimas de secuestro o abuso desarrollan un vínculo afectivo o de lealtad hacia sus captores. Se caracteriza por una aparente simpatía, empatía o incluso amor por el agresor, a menudo acompañada de una desconfianza o resentimiento hacia las autoridades o rescatadores.
¿Por qué se llama 'Síndrome de Estocolmo'?
El término se originó a partir de un asalto bancario en Estocolmo, Suecia, en agosto de 1973. Durante el secuestro, algunos rehenes, como Kristin Ehnmark, mostraron una sorprendente lealtad hacia sus captores y desconfianza hacia la policía, lo que llevó al psiquiatra Nils Bejerot a acuñar el término 'Síndrome de Norrmalmstorg', que luego se popularizó como Síndrome de Estocolmo.
¿Es el Síndrome de Estocolmo un trastorno psicológico reconocido oficialmente?
No. A pesar de su popularidad en los medios y la cultura general, el Síndrome de Estocolmo no está reconocido como un diagnóstico clínico oficial en los principales manuales psiquiátricos, como el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) o la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE).
¿Se aplica el Síndrome de Estocolmo a casos de abuso doméstico o relaciones abusivas?
Aunque el término se ha utilizado coloquialmente para describir situaciones de abuso doméstico donde la víctima parece tener dificultades para dejar a su agresor, esta aplicación es ampliamente rechazada por expertos en violencia y trauma. Las dinámicas en relaciones íntimas abusivas son mucho más complejas, involucrando factores como dependencia económica, aislamiento, manipulación, miedo a la escalada de violencia al intentar irse, y principios de apego, que no encajan con la definición original del síndrome en un contexto de secuestro por extraños.
¿Cómo reaccionan las víctimas de secuestro realmente, si no es por el Síndrome de Estocolmo?
Las víctimas de secuestro, como Kristin Ehnmark, a menudo actúan bajo una presión extrema y toman decisiones que son, desde su perspectiva, la mejor estrategia para la supervivencia. Esto puede incluir cooperar con los captores para evitar daño, evaluar constantemente las amenazas (incluidas las de las autoridades si perciben que sus acciones ponen en peligro su vida), y desarrollar una relación de dependencia forzada. Su comportamiento es más una respuesta adaptativa al trauma y al miedo, que un trastorno psicológico irracional.
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